Sintoísmo: La Senda del Kami (Parte 2ª)

Sintoísmo: La Senda del Kami (Parte 2ª)

Sintoísmo: La Senda del Kami (Parte 2ª)


Viene de Parte 1ª

En nuestros días, los japoneses siguen rindiendo culto a los kami como espíritu, aunque no en el sentido en que los occidentales se imaginan al oír la palabra. Para el japonés actual, un kami consiste en una actitud, una sensación de temor o de admiración, y se trata de un espíritu en el mismo sentido que empleamos cuando nos referimos al “espíritu del valor“, o a unos “aires de muerte“, aunque mucho más potente. Todavía consideran divinos a los kami, pero no son dioses ni fantasmas.

Dada esta vaga explicación, comprended que los japoneses vean kamis en cantidad de cosas: el mar, los montes, los árboles, los ríos y los arroyos, los antepasados e incluso objetos manufacturados, como las obras de arte y las armas. Y, entre éstas; especialmente la espada.

El sintoísmo ha ejercido una importantísima influencia en las artes marciales, aunque no tanto en su desarrollo como en la forma en que se contemplan y practican. Las artes marciales japonesas fueron creadas por guerreros profesionales; por lo tanto, su enfoque es el uso de las armas para atacar con ellas y defenderse de ellas. Para los japoneses, las armas poseen un enorme kami, por lo que el mero hecho de tenerlas en la mano constituye algo solemne, y el estudio de cómo combatir con ellas, algo casi divino.

Este espíritu puede sentirse en las salas de entrenamiento en las que se practican artes marciales japonesas, en especial en aquellas en que se enseña bugei, es decir, las más clásicas. Las salas de entrenamiento japonesas reciben el nombre de Dojo, que quiere decir “lugar de La Senda“, y el entrenarse en ellas entraña mucho más que un aprendizaje de técnicas físicas. Estudiar en un dojo tradicional conlleva una transformación espiritual que consiste más en un proceso de conversión, que en uno de aprendizaje.

Uno siente una sensación sumamente espiritual cuando visita un dojo japonés, una sensación de reverencia; no en la forma religiosa, sino en el ambiente de dignidad y en la sensación de temerosa admiración, sensación que es mantenida y proyectada por cada uno de los miembros del dojo, y que refleja la solemne postura mental que todos ellos tienen acerca del arte que practican. A eso, los japoneses lo llaman Kami.

Cada uno de los miembros de un dojo tradicional, lleva ese espíritu, ese kami al que nos referíamos, en su corazón. Pero existe en el dojo un punto focal hacia el que sus miembros muestran su respeto por los kami de su arte. Se trata del kamiza o “lugar donde se asienta el espíritu“, situado en la cabecera del dojo.

Por lo general, el kamiza consiste en una repisa colocada en la pared frontal de la sala de entrenamiento. Con frecuencia, sostiene diversos objetos de valor sentimental para los sensei, colocándose en él algunas veces algún arma antigua y apreciada. Sine embargo, en los dojo más tradicionales siempre encontrareis un pequeño jinza o templete sintoísta.

Las clases en un dojo tradicional comienzan y terminan con una ceremoniosa reverencia al jinza. Esto suele desconcertar a los occidentales, siempre tan condicionados por prohibiciones religiosas de inclinarse ante ídolos. Los miembros del dojo no se inclinan ante ningún fantasma o dios que viva en el templete; la reverencia al jinza constituye una expresión tradicional de respeto. De respeto al arte y a su fundador, a sus tradiciones y al propio dojo donde se practican. el jinza sólo sirve de punto focal hacia el que los miembros dirigen sus deferencias mutuas.

Debe quedar claro que los ritos basados en el sintoísmo que se practican en los dojo japoneses, no constituyen ceremonias religiosas, sino demostraciones de respeto hacia el kami o “espíritu del arte marcial y La Senda”.

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