Confucianismo: la senda de los sabios

Confucianismo: la senda de los sabios

Confucianismo: la senda de los sabios


“El hombre superior posee una naturalidad digna y sin orgullo. El hombre corriente posee orgullo sin naturalidad digna”                    

 Confucio

 

Confucio nació en la provincia china de Shantung, en el año 551 aC. Su verdadero nombre era Chung Ni Chu, y era el hijo autodidacta de una familia pobre. Tenía, sin embargo, una poderosa mente, y pudo ver más allá de los horizontes que le dejaba vislumbrar su humilde entorno.

Como Platón y Aristóteles en Grecia, desarrolló una cosmología que definía la moralidad ética, en especial en lo concerniente a los papeles representados por la familia y el estado, y como ocurría con dichos pensadores occidentales, la gente que lo rodeaba empezó a reconocer su excepcional inteligencia.

Durante su vida no tuvo gran número de seguidores, aunque contó con discípulos muy entregados, y fundó su propia escuela filosófica.

La doctrina de Confucio se centraba en el papel que el hombre representaba en la sociedad, y hacía hincapié en la importancia de la lealtad al estado, el deber filial y la veneración a los antepasados para mantener el orden social. Sus enseñanzas eran legalistas, e insistía en que todas las criaturas y objetos tenían un lugar fijado en el orden de la naturaleza y debían actuar como su posición les obligase.

Otra de las teorías de la filosofía del Maestro estaba relacionada con el papel del “hombre superior”. Dado que Confucio tuvo que luchar para educarse a sí mismo, concedía un enorme valor a los conocimientos y al aprendizaje. Decía que los hombres que habían recibido una educación eran superiores, y a ellos debería ser confiada la dirección de la sociedad. En consecuencia, muchos de sus proverbios están dedicados a describir las cualidades del hombre superior.

Confucio enseñó su doctrina como filosofía, no como religión. Sus enseñanzas estaban solamente relacionadas con el hombre y la sociedad. Jamás pretendió ser nada más que un hombre corriente y nunca solicitó que se le venerase. De hecho, rechazó todas las formas de sobrenaturalismo y fue un escéptico hasta su muerte, acaecida en el año 479 aC.

En los siglos que siguieron a su fallecimiento, el confucianismo se puso “de moda” en toda China, aunque a medida que se extendía entre el pueblo llano, el enfoque de sus enseñanzas empezó a cambiar, y las personas de inteligencia limitada comenzaron a consideran a Confucio como a un santo. Allí donde sus primitivos seguidores estudiaban la lógica que conllevaba su doctrina, sus posteriores adeptos, supersticiosos e incapaces de comprender la esencia de sus teorías, comenzaron a llevar a cabo ritos y sacrificios en su nombre. A medida que el confucianismo iba evolucionando, también iba incorporando una horda de deidades mayores y menores tomada en préstamo, por regla general, de cultos locales  a la naturaleza, que en aquella época eran populares en China.

Este desplazamiento hacia el dogma religioso fue respaldado por el estado. Por su propia naturaleza legalista y su énfasis en la lealtad y la obediencia, el confucianismo se había convertido en una doctrina favorecida por la nobleza y la burocracia civil, ya que les ayudaba a poner freno a las masas y a mantener el status quo político. Sin embargo, el sabor intelectual de las enseñanzas de Confucio las convertía en difíciles para la comprensión del hombre de la calle, por lo que al ser sustituidas por ritos, se hicieron más aceptables para el pueblo llano en general.

Continuará…

 

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