Budismo: Prosecución del Camino de Las Ocho Vías (Parte 4ª y final)

Budismo: Prosecución del Camino de Las Ocho Vías (Parte 4ª y final)

Budismo: Prosecución del Camino de Las Ocho Vías (Parte 4ª y final)


Viene de PARTE 3ª

La historia del budismo en Japón no fue mucho más apacible. Casi desde el principio, la gran mayoría de las sectas se convirtieron en propietarias de grandes latifundios, y sus líderes se vieron involucrados en intrigas políticas, situación que, con frecuencia, se tradujo en conflictos abiertos entre el clero militante y los samurai locales.

Sin embargo, a medida que fue transcurriendo el tiempo, fueron los monasterios de orientación mística, situados en las elevadas montañas, y sus yamabushi (guerreros de la montaña), los que constituyeron la amenaza más seria para las autoridades militares.

Incluso a pesar de que la clase militar fue organizando y consolidando su poder cada vez más en las zonas habitadas, los lejanos monasterios budistas iban reclutando un número siempre creciente de seguidores, entrenándolos en las artes de la estrategia y el combate.

hacia el siglo XI, estos seguidores se habían convertido en una auténtica amenaza para el gobierno militar de Japón, requiriéndose más de cuatrocientos años de casi incesantes guerras para que los yamabushi fueran finalmente eliminados como competencia seria para el poder político. Hasta que, a finales del siglo XVI, Oda Nobunaga arrasó de forma sistemática sus templos y exterminó brutalmente a millares de sacerdotes, no comenzó a descender la marea del poder clerical budista.

A pesar de que, con gran frecuencia, los samurai y el clero se encontraban en bandos opuestos, el budismo tuvo una gran trascendencia en las artes marciales practicadas por guerreros profesionales. La habilidad combativa de los monjes era impresionante, y rara vez los samurai dudaban en someter a estudio y poner en práctica algo que funcionase bien en combate. Durante las épocas de paz, era corriente que los guerreros se retirasen a monasterios tanto para descansar como para someterse a una renovación espiritual. Una vez allí, estudiaban a menudo estrategia y sistemas de lucha enseñados por maestros budistas. Además, el guerrero, en el budismo (especialmente en el Zen), encontró una fuerza de voluntad que le era útil tanto para tiempos de guerra como de paz.

El zen hizo su aparición en Japón en el año 1215 d,C. después de que Eisai, monje budista de la secta mahayana, visitara China y alcanzase la iluminación estudiando con un maestro de Ch´an. Ya de vuelta a Japón, Eisai fundó Rinzai, la secta zen basada en lograr el satori, iluminación espontánea que se obtenía concentrándose en un koen, especie de acertijo sin respuesta lógica.

En 1253, un monje llamado Dogen fundó la secta Soto, segunda en importancia. Dogen era alumno de Eisai, pero rechazó el uso de los koen, prefiriendo sencillamente meditar en zazen, disciplina en la que el alumno intenta vaciar su mente de pensamientos conscientes y meditar sin idea ni objetivo especial hasta que alcanza el satori.

Otras sectas budistas pueden haber representado papeles más preponderantes en la formación de las artes marciales “clásicas”, pero el zen era la disciplina que más importancia tenía a los ojos de los samurai para refinar su espíritu marcial. El zen enseñaba al samurai a entrar en combate en mushin (mente sin pensar), libre de las distracciones del pensamiento racional. Además, y como señala el historiador especialista en artes marciales Donn Draeger, tambien “le enseñaba a tener confianza en sí mismo, a negarse a sí mismo y , sobre todo, a tener una idea fija hasta el supremo grado de que ningún lazo (material, emocional, espiritual o intelectual) lo desviara de su papel de combatir por la causa a la que se había consagrado”.

En conclusión, el budismo y, en especial, sus sectas meditativas, tuvieron una extraordinaria importancia en la historia de las artes marciales, pero también es importante que los actuales alumnos no confundan el estudio de las artes marciales con la práctica del budismo. Algunas artes tuvieron sus orígenes en templos, y el desarrollo del budismo tuvo gran influencia en otras, pero los motivos que los monjes budistas tenían para estudiar y entrenar sistemas de lucha eran militares y políticos, no religiosos. Las artes marciales en su estado puro son sistemas de hacer la guerra, ¡a pesar de que se enseñen en templos y sean practicadas por sacerdotes!

 

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