Budismo: Prosecución del Camino de las Ocho Vías (Parte 1ª)

Budismo: Prosecución del Camino de las Ocho Vías (Parte 1ª)

Budismo: Prosecución del Camino de las Ocho Vías (Parte 1ª)


” Y en ésta, monjes, consiste la noble verdad del camino que conduce al cese del dolor, el noble camino de las ocho vías: punto de vista correctos, intenciones correctas, palabras correctas, actos correctos, vida correcta, esfuerzo correcto, atención hacia los demás correcta y concentración correcta”                           Sermón de Pali, Gautama.

 

El budismo tuvo sus inicios en la India en el siglo VI a.C. como resultado de una antigua forma de hinduismo ortodoxo denominado brahmanismo. La doctrina brahmánica sostenía que antes de que un alma pudiese entrar en el Nirvana (eterna beatitud), tenía que atravesar un proceso de purificación y de gran perfeccionamiento. Este proceso tenía lugar a lo largo de múltiples reencarnaciones, durante las que la persona iba consiguiendo niveles cada vez más elevados de excelencia moral. Al final, tras miles de reencarnaciones, el alma era santificada y conseguía el acceso al Nirvana.

La religión brahmánica, como posteriormente el hinduismo, adoraba a todo un panteón de dioses. Se trataba de una fe ritualista, que ofrecía sacrificios y dones como medio por el que las alamas se iban purificando. El budismo nació cuando un joven príncipe, Siddharta Gautama, encontró la iluminación espiritual y la escapatoria de los ciclos de la reencarnación mientras meditaba a la sombra de una higuera.

Gautama se crió como un opulento brahmán, y disfrutó de todos los placeres sensuales que el dinero le podía proporcionar. Sin embargo, mientras vivía entregado a su lujo, comenzó a descubrir la vanidad de la gratificación física. Vio a los pobres, a los enfermos y a los ancianos, y se dio cuenta de que toda la riqueza y todos los placeres terrenales eran transitorios. Al fin, sólo existe el sufrimiento. Por todo ello, Gautama, a los veintinueve años de edad, abandonó su riqueza y sus comodidades para introducirse en el mundo como mendigo, con el fin de encontrar respuestas a las miserias de la vida.

Según mantienen los budistas, Gautama erró por toda la India en busca de la clave para liberarse de los dolores que proporciona la vida. La muerte no era la respuesta, porque conducía solo a otra reencarnación, y por lo tanto a más dolores. Durante cierto tiempo estudió filosofía con un gurú, pero tampoco en él halló la respuesta. Después se unió a un grupo de monjes ascetas, y durante cinco años, se sometió a un riguroso ayuno, así como a todo tipo imaginable de privaciones.

Por fin, le llegó el momento crucial un día en que, debido a su estado de debilidad, se desmayó y se cayo a un río. el agua fresca lo reanimó, y se dio cuenta de que aunque había vivido una vida ascética hasta un grado extremo, todavía no había encontrado lo que buscaba. Así que se rehízo, comió en una posada cercana y se sentó debajo de una higuera decidido a meditar hasta que le llegase la iluminación.

Tras meditar durante cuarenta y nueve días, Gautama alcanzó esa iluminación. Tuvo, durante su meditación, una visión en la que descubrió que el hombre está encadenado, a causa del deseo, a ese ciclo interminable de reencarnación y dolor. Todos los sufrimientos son consecuencia de deseos no logrados. El propio Gautama había deseado con todas sus fuerzas la salvación, buscándola, en su fervor, a través del conocimiento y del ascetismo, aunque jamás la había encontrado. Sin embargo, al cesar el deseo, halló la iluminación, y por lo tanto, la salvación.

Lograda la iluminación, Gautama, que a la sazón tenía ya treinta y cinco años, se levantó y comenzó a predicar. Pasó el resto de sus ochenta años de vida enseñando a sus discípulos sus cuatro verdades sagradas: la primera, el dolor; la segunda, el deber de acallar el deseo de vivir, alimentado por percepciones y sensaciones; tercera, el cese del dolor, resultado de la falta de deseos, que conduce al hombre al Nirvana, para concluir allí el ciclo de reencarnaciones; y, para terminar, la cuerta, que no es sino la forma de alcanzar el Nirvana, consistente en seguir el Camino de las Ocho Vías o sistema de meditación diseñados para dominar el ego y el deseo de vivir.

Al llegar a este punto, es necesario insistir en la naturaleza radical de la doctrina de Gautama. Se había educado como brahmán en una sociedad supersticiosa y politeísta. Sin embargo, el budismo, tal y como lo enseño Gautama, suponía una drástica ruptura con la tradición india. No se trataba de una religión, sino de un programa de entrenamiento espiritual, un sistema de disciplina y autodesarrollo místico.

Gautama no creía en los dioses. Era ateo o, al menos, agnóstico. Por lo tanto, en ningún punto de su doctrina prescribe ninguna forma de ritual ni de culto. Creía en que era el hombre el que debía lograr su propia salvación en vez de apoyarse en dioses que lo ayudaran. Por extraño que parezca, Gautama no creía ni en la existencia del alma. Decía que la gente vivía en un estado de anatman (carencia de alma) y que lo que nosotros llamamos alma, no es sino una combinación de cinco añadidos físicos: el cuerpo, las sensaciones, la comprensión, la voluntad y la consciencia. De modo y manera que de nuevo nos encontramos con una doctrina asiática que comenzó como algo muy diferente a una religión.

En vida de Gautama, el budismo carecía de templos, de escritos y de ritos. Todo cambió, sin embargo, con su muerte. Casi de inmediato, sus seguidores comenzaron a mostrarse en desacuerdo sobre la interpretación de sus enseñanzas, que les llegaron de manera oral a lo largo de sus viajes. Durante los siguientes siglos, brotaron centenares de sectas budistas, aunque la mayoría de ellas pueden ser divididas en dos campos opuestos: Theravada o “Tradición de los Mayores” y Mahayana o “Gran Vehículo”.

Continuará…

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