Artes… Marciales?

Artes… Marciales?

Artes… Marciales?


El término Arte Marcial se emplea en la actualidad de forma muy genérica para describir cualquier forma de lucha, en particular las de origen asiático. Aunque es un convencionalismo aceptado, su uso no es el más apropiado.

Dependiendo de la época y la cultura, los sistemas civiles y militares pre modernos exhibieron diferencias no sólo en su ámbito de aplicación, sino también en sus técnicas, tácticas, armas y secuencias de entrenamiento. El antiguo practicante de los sistemas de Okinawa, se pasaba horas perfeccionando su puñetazo sobre un makiwara. debía fortalecer sus nudillos para conseguir un golpe más eficaz, y con la practica no sólo cumplía con dicho objetivo, también desarrollaba una respuesta biomecánica que resultaba crucial para la adecuada ejecución de la técnica en medio de la estresante atmósfera del combate.

Entrenaba para luchar contra un oponente que reconociera las mismas reglas que él, normas según las cuales las técnicas a mano vacía resultaban absolutamente adecuadas y aceptables para las costumbres de sus sociedad, en la que resultaba muy habitual que surgiesen enfrentamientos no armados en los sectores civiles.

A diferencia del guerrero de Okinawa, el samurai japonés perfeccionaba sus aptitudes con la espada sencillamente porque disponía de un arma; además, resultaba muy improbable que un guerrero de sus características se involucrase en una disputa no armada.

Rememorando toda una vida dedicada al estudio del kárate, el prestigioso maestro Shoshin Nagamine relató la experiencia de entrenar con Choki Motobu, cuya filosofía sobre el entrenamiento de las formas del kárate de Okinawa era la siguiente: “En sus últimos años, Motobu me dijo que las aplicaciones de los katas son limitadas y que debemos comprenderlo. Las técnicas de los katas jamás fueron creadas con la intención de ser utilizadas contra un luchador profesional, ni tampoco en un estadio o un campo de batalla”

Del mismo modo, Donn Draeger, al referirse a las diferencias entre los sistemas civiles y militares, afirmó que: ” Muchos de los sistemas del hombre corriente son básicamente métodos sin armas que permiten enfrentarse a un adversario, también desarmado”. En efecto, el propósito de este tipo de sistemas no era su aplicación en el campo de batalla, sino la protección de la vida cotidiana, durante el cual el practicante civil solía enfrentarse a hombres que intentaban hacerle daño.

En distintas épocas, y en el entorno de ciertas culturas, la distinción entre artes de lucha civiles y militares no queda tan clara. En la Inglaterra del siglo XVI, ambos métodos solían complementarse, y las artes de lucha marciales/civiles eran practicadas por un sector muy amplio de la población.

Muchos ingleses de la época, tanto pertenecientes a la clase aristocrática como ciudadanos comunes, portaban armas. En realidad, el hecho de que el hombre corriente pudiese disponer de amas, le había permitido hacer valer sus derechos sociales y democráticos, ya que el gobierno británico temía el estallido de una rebelión armada. Y en tales circunstancias, aprovechando que la población en general se encontraba bien entrenada en el uso de armas, cuando el ejército necesitaba personal para la batalla, recurrían al pueblo. En este caso, a pesar de que las artes de lucha practicadas prevalecían en el ámbito civil, se encontraban sólo a un paso de ser aplicadas en el campo de batalla.

Cada situación ha producido sistemas eficaces de combate personal, pero ¿forman parte todos ellos de las artes marciales?. Donn Draeger opinaba a respecto: “ A menos que un sistema hubiese sido creado por guerreros profesionales para hacer uso del mismo en la guerra, no sería un arte marcial. Los sistemas desarrollados en los templos o por particulares podían ser formas eficientes de combate, pero su dependencia y, en muchos casos, preferencia por técnicas en que no se utilizaba arma alguna, los hacía poco prácticos para los campos de batalla“. Draeger optó por clasificarlos como Artes Civiles. Si un arte no era desarrollado para ser aplicado militarmente, no era marcial.

Otro punto a tener en cuenta es que muchas de las artes marciales “de guerra”, además del uso de armas, iban acompañadas de la enseñanza de otras aptitudes militares, tales como la equitación, la natación, el arte de la fortificación y la estrategia, además del combate sin armas.

Quizás esta división peque de simplista, pues aunque la lógica nos dice lo absurdo que sería atacar a un rival armado a mano descubierta, lo cierto es que muchas de las artes consideradas”civiles”, se enseñaban y se siguen enseñando en las academias militares como complemento al uso de armas.

De la misma forma, aquellas artes desarrolladas en templos o por monjes, fueron utilizadas por milicias de manera muy frecuente, pues a menudo estos eran focos de insurgencia política y objetivos militares.

El debate continua abierto…

About the Author

Leave a Reply

Resuelve * Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies